EL CIELO TE SALUDA

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Por Beto Arán

 

escritorioSobran las palabras cuando ellas se agolpan en el pecho, tocan la garganta y el agua corre sin misericordia por las mejillas. Son lágrimas de tristeza que duelen y queman derramando en la memoria esas viejas imágenes de un largo camino con experiencias donde los sueños, ambiciones y afectos conviven con el sistema nervioso.

 

Cuando amas el rock, también le rindes culto a la vida. Sus sonidos pasan a formar parte de la tuya, ejecutados por individuos que te acompañan como eterna familia: cuando llega la alegría, invade el dolor o atemoriza la incertidumbre.

 

El músico a través de su arte se conecta con tus emociones. Y claro está, con Chris tengo largas aventuras y odiseas cruzando la línea del tiempo. Esa voz privilegiada que escuché por primera vez un lejano 1991, esta mañana sonó más fuerte que nunca.

 

Que ganas de revertir el tiempo para reducirlo a una vieja cinta de casete, con poco dinero en el bolsillo y un trago compartido con miles de viejos amigos. Los mismos que tal vez no viste nunca más, pero siempre atesoras en tu corazón. Extraño los días en que lo rutinario tenía un valor tremendo, eso cotidiano y genuino que conecta con el ser.

 

discoAhí me sacude hasta el cansancio “Black Hole Sun”. Recuerdo la atenta mirada de un niño analizando un rango vocal imposible de alcanzar. Un sello majestuoso, envolvente y soberbio, en medio del humo, giras de estudio y deseos de encapsular el mundo. También la querida “Moonchild” del Euphoria Mourning, cuando la soledad atacó el corazón, apoyado en un escritorio bajo la atenta mirada de la noche que exigía respuestas a lo inexplicable.

 

Por lejos y, lo digo a todo los vientos, fue el mejor escenario para conocer a Chris: al cantante, persona y yo íntimo. Han pasado muchas tormentas, pero manejamos los mismos códigos tras la fuerte lluvia. La misma que hoy te despide bajo este cielo que no para de llorar. Y claro está, de las nubes bajó una escalera que te conectó con el cielo.

 

No sé si se la pediste a Page o Plant. Eso jamás lo sabremos. Siendo honesto, guarda tu secreto. Si me lo quieres contar guardaré silencio, prometo ser discreto. Lo único que te puedo asegurar es que Andrew te está esperando. Lo que sí puedo confesar (me lo dijiste por interno) es que le llevas el Temple of the Dog. Es una hermosura que de seguro él quiere escuchar, sintiéndose orgulloso de ti.

 

Se lo merece: Andrew, bajó esa larga escalera, para que recibieras los saludos del cielo. Por mí parte, quédate tranquilo, no era necesario despedirse. Ya nos conocemos hace montón de años y entre amigos existe la confianza. Suerte donde quiera que vayas, porque el éxito lo tienes asegurado. Sin embargo, eso no excluye que desde ya te extraño mucho.

 

 

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